Todo empieza con la receta que Cristoforo Messisbugo proporciona en 1564. Ahí se menciona al antepasado del panettone. En una de las notas se cuenta que un mayordomo de la corte Este de Ferrara prescribió los ingredientes para la correcta elaboración del pan dulce, entre ellos, el uso de harina, mantequilla, azúcar, huevos, leche y agua de rosas; el pan se deja bien erguido, luego se hornea con gran orden, "este pan es más bello para hacerlo redondo" o incluso "más grande o más peciso, como quieras". Encontramos los componentes básicos del panettone y, sobre todo, la receta que debe ser muy leudada, a la que se añade la indicación de la forma: redonda. Como pueden leer, es un panettoncino ligeramente delgado y corto, sin pasas ni fruta confitada, pero los elementos para continuar están todos ahí.

Pasar algunos siglos antes de que el panettone tome la forma y la sustancia con la que lo conocemos hoy en día. La realidad es mucho más banal: panettone significa pan grande y entra en la categoría de los panes dulces navideños. En una época, como la Baja Edad Media, en la cual el azúcar era un bien muy preciado y para enfatizar las festividades endulzaban el pan normal que se hornea (más o menos) todos los días.

Otra nota histórica reseña, que para encontrar los postres leudados que hoy conocemos como pandoro, tenemos que ir a Verona, donde Domenico Melegatti tiene la idea de llenar el tradicional pastel navideño veronés, el nadalin, con mantequilla y huevos, para que se eleve a alturas desconocidas en su época. En 1894 lo patentó para resolver disputas con otros confiteros que le atribuían la paternidad del pastel. El nombre deriva de la tradición renacentista de cubrir los panes con pan de oro para mostrar su riqueza, como en el banquete organizado en Bolonia el 29 de enero de 1487 por Juan II Bentivoglio para celebrar el matrimonio de su hijo Annibale con Lucrezia d'Este. Melegatti era un hombre bastante emprendedor y desafió al panettone abriendo una tienda en el corazón del territorio adversario, en Milán, justo en el mismo Corso Vittorio Emanuele donde las Tre Marie tenían su casa.

Para llegar a los altos panettoni, a las tres levaduras canónicas, hay que esperar a Angelo Motta, que después de abrir su propia tienda en 1919, aplica al panettone el mismo tratamiento que Melegatti había reservado para el pandoro. Orio Vergani escribió: "Aumenta considerablemente las dosis de mantequilla, huevos, azúcar y fruta confitada, modifica y aumenta los tiempos de fermentación y cocción y, como la masa, tratada de este modo, se vuelve más blanda, para sostenerla utiliza la solución ingeniosamente simple de la venda de papel de corona: nace el Motta panettone".

Y es hasta acá, luego de una sucinta historia del pan dulce o panettone, este plato traído de Italia, fue el destino de muchísimos italianos que encontraron en la Argentina, un hogar donde no solo llevaban esperanzas, también recetas y sabores de arraigo popular.