Según el historiador Daniel Balmaceda, la primera aparición de ese postre se remonta al siglo XIX por una mujer salteña, Petrona Arias. Otros creen que el pastel de Rogel es la derivación del alfajor santafesino cuya receta se explica en un libro de 1949 de Doña Petrona, una reconocida cocinera argentina y autora de libros de cocina y economía doméstica. Sin embargo, ese tipo de alfajor tiene solo tres o cuatro capas de masa, al contrario de las ocho de la versión 'oficial' de Rogel.

La tesis más acreditada es la más reciente y se refiere a la creación de Rosario “Charo” Balbiani, en Buenos Aires, inspirada en una antigua receta holandesa modificada por la misma, con una cubierta de merengue italiano. Para él y su esposa María del Rosario fue una forma de complementar los ingresos familiares, que luego ingresaron por derecho a la historia de la cocina argentina.

Al mismo tiempo, sin embargo, una señora llamada Rogelia, también en Buenos Aires, estaba preparando y vendiendo un postre similar en un garaje, con cuatro o cinco capas de masa rellenas de dulce de leche. Lo llamó Rogel, de Rogelia, y no faltaron compradores los fines de semana, todo lo contrario. Cuando Rogelia murió, su esposo decidió no continuar con ese negocio al decidir vender las máquinas.

Fue el propio Balbiani quien los compró y, en 1988, registró la marca de bizcocho Rogel, con todas las especialidades necesarias: ocho capas de masa fina preparada con yema de huevo (precisos 5 minutos de cocción), dulce de leche de alta calidad (según el buen Balbiani, la verdadera clave del éxito) y merengue italiano.

El producto fue apreciado de inmediato y comenzó a venderse en las mejores pastelerías y tiendas de alimentación de la capital. Hoy esposo y esposa continúan la producción en un laboratorio en el distrito de Villa Urquiza.