Primero que nada hay que aclarar que el sánguche de milanesa, sí es argentino pero sobre todo de la norteña provincia de Tucumán. Es su tierra natal allá arriba y, según sus habitantes, lo que se come fuera de las fronteras provinciales no es lo mismo. Dejando el parroquialismo a un lado, es una ocasión para la comida callejera, un refrigerio (o una comida única según el apetito) que tiene su propia historia y su “disciplina”. También suelen ser grandes, alcanzando 25 centímetros o más de longitud, con 300 gramos de milanesa (ternera) en su interior. 
 
En Argentina todo tiene su día de celebración y también está el Día del sánguche de milanesa, aunque no precisamente con los honores, por ejemplo, de un Día del amigo más “sólido”. Es el 18 de marzo, día (en 2010) de la muerte del hombre considerado su inventor: José "Chacho" Leguizamón, quien con este bocadillo ha alimentado a decenas de miles de personas en su restaurante de San Miguel de Tucumán, luego de comenzar en un pequeño quiosco dentro de una gasolinera. 
 
En primer lugar, el pan, no cualquiera, sino un cruce entre pan francés y vienés, suave, con una miga suficientemente esponjosa que luego hay que tostar unos minutos antes de componer el sánguche de milanesa. El relleno requiere la clásica milanesa frita, tomates cortados en rodajas finas, lechuga, cebolla cruda o salteada según la mano que la prepare y los gustos de quien la coma. También se añade chile o chimichurri y, si se desea, también jamón cocido, queso y huevo duro o frito
 
Para ser honesto, el sánguche de milanesa también tiene una obra singular y dedicada suya, nacida, claramente en Tucumán, de la mano de Sandro Pereira. Según algunos de los dudosos éxitos artísticos, pero sin duda en consonancia con los gustos de la población local.