Fue el 28 de julio de 1865 cuando de La Mimosa desembarcaron 153 hombres y mujeres en la costa de Chubut. Así comenzó la historia de la comunidad galesa en Argentina, que en las décadas siguientes se arraigó en algunos otros lugares del país. 
 
Por un lado, el conocido balneario de Puerto Madryn nació de la creación de Porth Madryn de la mano de los propios galeses. El nombre fue elegido en honor a Sir Love Jones-Parry, quien llevó a sus compatriotas a Argentina, cuya finca en Gales se llamaba Madryn. Posteriormente el asentamiento se desarrolló gracias al tramo de ferrocarril construido entre Madryn y Trelew por inmigrantes galeses, italianos y españoles.
 
Se dice que huyeron de la opresión de los ingleses y aprovecharon el “llamado” del gobierno argentino en busca de nuevos ciudadanos para poblar y defender los territorios de la inmensidad patagónica, también amenazados por intrusiones extranjeras. Especialmente en la fase inicial, las condiciones de vida que soportaron los galeses no fueron nada sencillas, entre escasez de agua dulce y comida.
 
De estas dificultades nació la tarta galesa negra. El nombre no se refiere a una tradición galesa sino a haber sido preparado por primera vez por los galeses argentinos. Mientras los hombres identificaban las mejores tierras para crear los asentamientos, las mujeres intentaban obtener los mejores resultados de la poca comida que tenían. Objetivo: alto valor calórico y un producto que se pueda conservar durante mucho tiempo.
 
En definitiva, el bizcocho de galesa negra nació de esos pocos ingredientes de los que disponían: entre otros, harina, azúcar sin refinar, frutos secos, fruta confitada, miel. Posteriormente, las variaciones se multiplicaron pero en Chubut esa torta sigue siendo una tradición.